sábado, 7 de julio de 2012

No llegué a saber el nombre de aquélla mujer.

                      ¿Quién era aquélla extraña mujer?
Apenas fijaba la mirada en  las  personas con las que se cruzaba en su firme caminar. Siempre la veía muy ensimismada, como si fuera la única que anduviera  por el parque, con la vista fija al frente, más bien seria, segura y convencida de lo que estaba haciendo, caminar todos los días por aquél ya olvidado lugar.
Solía encontrarme con ella, casi a diario, sobre la misma  hora. Nos cruzábamos un instante desde hace unos seis o siete años, por aquél entonces,  cuándo se alejaba unos doscientos metros, se detenía justo al lado de un  hermoso y gran árbol, abrazándole con ternura durante varios minutos. Siempre, me pregunté ¿Qué estará pensando? ¿Hablará con él? él parece un gigante rodeado por los frágiles brazos de su “pequeña amante”. Parece como si se conocieran de toda la vida, la verdad es que forman una pareja estupenda, él todo un “elegante caballero", ella demostrándole con un fuerte abrazo que, aún siendo un gigante, necesitaba su delicada protección. La escena se repetía todos los días. Un poco antes de terminar el ritual, ella le besaba con mucha ternura   diciéndole: ¡Hasta mañana cariño!. Cada vez que los veía,  yo no podía  dejar de pensar en lo mismo: ¿Parece como si el árbol quisiera romper las fuertes cadenas de sus raíces y echar a correr tras ella?
Desde hace mucho tiempo, el encuentro amoroso del que era testigo entre aquélla mujer y el inamovible gigante, me ha hecho pensar que quizás le podría preguntar qué suponía el ritual para ella, ya que, mejor-por mi gran timidez-se lo hubiera preguntado al árbol, pero-obviamente-no creo que me hubiese podido responder. Recuerdo que, en una ocasión, mirándole de arriba abajo, le dije:¡ Sí supieras cuánto te envidio querido árbol! Ella te abraza con mucho cariño todos los días y a mí ni siquiera me dedica una simple mirada, la verdad es que tengo bastantes celos de ti, aunque por otro lado no debiera ser rencoroso ya que habrás hecho muchos más méritos que yo para merecerla.
Aunque solía verla casi a diario, en alguna ocasión  no fue así, por lo que  me parece que el paseo de ese día, era muy diferente, como que me faltaba algo, tal vez,  haya salido de casa un poco antes o quizá después.
¿Quién sería aquélla extraña mujer? Me hubiese gustado saber cuál era su nombre. Por su mirada, parece que se trata de una persona algo solitaria, seria  de carácter firme y decidido.
Me hubiese conformado con mantener una conversación breve con ella. ¿Pero que le podría preguntar? aparte de su nombre o simplemente darle los buenos días, pero por otro lado, mi interés  no parecería una mera curiosidad. Nunca me atreví a comentarle nada, ni siquiera darle los buenos días.
Lo más probable es que residiera cerca de la zona, nunca la vi  en otro lugar que no fuera pasear por el parque de “Los  cármenes”, todo esto transcurrió en la década de los 60, en la primavera del año 1969, escribí unas notas que jamás tuve la valentía de entregarle:
  
En más de una ocasión, he pensado en usted,
¿Tendría la posibilidad? ¿De qué alguna vez?
¿Aceptara venir a mi  casa?
¿A  tomar un café?
He llegado-también- a pensar, soñar, 
En más de una ocasión,
Qué unidos en un fuerte abrazo,
  ¡Seguro!
Nos olvidaríamos de este raro mundo,
Aunque sea por unos instantes,
Hacer el amor-al mismo tiempo-
Querernos, fundir nuestras almas, en una.
…..
Sin llegar a saber,
Quién es usted, ni siquiera conocer,
Cuál es su nombre,
Usted, sin haberse fijado en mí,
¿Creo qué es posible?
No tardando mucho, nos demos cuenta,
Qué estamos hechos,
El uno para el otro,
Unidos por el amor.
……
Así lo presiento, me embarga una gran emoción,
Sin duda, es una hermosa ilusión,
 ¿Un sueño imposible?
¡Por favor! ¡Respóndame!
Quedaré-eternamente- agradecido,
Se despide de Usted,
Quién ya se considera suyo.
……..
También, he pensado, más de una vez:
¿Podrá ella ser mi  mujer?
Así, lo seguiré soñando,
 ¡Hasta mañana, mi amor!

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